Una vez más el básquet argentino dio muestras para todo tipo de análisis positivos.La calidad de una camada, la mejora permanente, la personalidad pero hay una que puede a la Generación Dorada y esta nueva generación: el trabajo colectivo por encima de las figuras. Fluye el juego, pasa la bola de mano en mano, con soltura, con argumentos y con la belleza como complemento. Para sentir –como en la vida- hay que soltarse y estos pibes lo hacen. Sueltan un deseo que arrastra un ideal de juego…colectivo. Ese es un valor enorme de este y aquel equipo de la generación dorada, el de la validación permanente del trabajo en grupo que persigue sueños colectivos. Siempre es un todo, con cada una de sus protagonistas –distinguidos o de overol – asumiendo un rol. El otro importa, por eso sus compañeros le pidieron antes al genial Ginobilli o ahora al maestro Scola la renovación del contrato del deseo. Ese que dice en uno de sus artículos “quedate que ...
Buscamos contenidos no primicias